

Había una vez un chico que tenía tan solo 16 años, un día se ausentó de su casa porque se habia peleado con su padre, ya que el chico tenía problemas con las drogas y su padre solía recriminarle a diario que por consumir drogas acabaría siendo un inútil. Al desaparecer por varios días, sus padres hicieron la correspondiente denuncia policial , todo, para evitar cualquier peligro que lo pudiera acechar en la calle, fue así que la olicía comenzó su búsqueda y puso al tanto de lo acontecido al juez de menores de turno . La policía finalmente y tras varias denuncias fallidas sobre su paradero, lo encontró y lo puso a disposición del juez de menores interviniente, el cual citó a los padres, los que detallaron los problemas que tenían con su hijo porque era consumidor de paco, a tal punto que le pidieron que los ayudara y si era posible internarlo em algún lugar para intentar curarlo de ese flagelo en el que había caído, ante esto el juez creyó acertado encerrarlo en una comunidad terapéutica para drogadictos. Ya en ese lugar, el chico compartió el espacio con acusados de homicidios, violaciones y robos. Ese menor , no mató ni robó. , pero sin embargo estaba ahí rodeado de chicos que ya tenian en sus espaldas un grueso historial de hechos delictivos muy grosos. Esto que no es real pero bien puede ser el caso típico de lo que le sucede a muchos menores que están en situación de riesgo, y sin dudarlo, nos da lugar para decir que conforme a las estadísticas existentes, ocho de cada diez presos adultos pasaron por un instituto de menores. , muchos de ellos por problemas con las drogas, sin embargo estar encerrados con otros chicos de prontuario mas pesado los llevó a inclinarse a cometer delitos que nunca habrían imaginado cometer.
Pero hay otro dato que es ,más sorprendente aún, ya que cuatro de cada diez chicos son encerrados por causas penales, el resto ingresa en este sistema por necesidades asistenciales, porque su familia no puede hacerse cargo de ellos o porque son víctimas de la violencia.
“La peor de las familias, con un buen acompañamiento, siempre es mejor que el mejor de los institutos”, sentencian los jueces de menores .
Se estima que el Estado destina sumas mensuales por cada internado en un instituto de menores, y las cifras varían según cada caso en particular y x las necesidades. Las cifras se duplican cuando se trata de instituciones penales de mediana o de máxima seguridad. “Hay superpoblación, lo cual lleva al hacinamiento y a la promiscuidad. La falta de profesionales idóneos, de personal de seguridad y de condiciones de higiene y salubridad son algunas de las características comunes a todos estos lugares", denunció el defensor del pueblo de la Nación,.
El Consejo Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia tiene dentro de su órbita el destino de cerca de 7000 chicos. No todos están encerrados: sólo 450 están alojados en institutos penales, mientras un centenar vive en residencias abiertas y el resto se encuentra con familias sustitutas o en otros programas. El 70% de estos chicos provienen del conurbano, viven en alguno de los siete institutos de menores que el Consejo del Menor posee en el territorio porteño. A su vez cabe recalcar que el tratamiento con larga privación de la libertad no logra buenos resultados en materia de reinserción, pero al mismo tiempo hay una demanda social muy fuerte hacia una mayor de dejar en prisión a estos chicos.
"El tránsito por estos institutos es vivido como un castigo . No se ha logrado modificar un sistema muy antiguo, de lugares cerrados, con pocas actividades de inserción y de recreación... Ni siquiera los equipos de contención psicológica sirven porque el encierro profundiza la problemática inicial.
Las familias pobres ven disminuida su posibilidad de ejercer la patria potestad ya sea porque el hogar no permite asegurar un buen ejemplo hacia el menor o simplemente porque la falta de recursos, origina que ambos padres deban salir a trabajar y estar ausentes de sus obligaciones como progenitores, y x ello el menor que cayó por conductas indebidas y contrarias ala ley debe permanecer si o si en estos institutos. Por eso es necesario fortalecer a la familia en sus vínculos. Y hacer que los programas de asistencia sean más profundos y efectivos y poder sugerir a los jueces caminos diferentes al de la privación de la libertad, siempre y cuando existan otras opciones. Muchos de los chicos detenidos en esos institutos reclaman una familia que los entienda, que los ame y que se ocupe de sus necesidades básicas. La mayoria de estos menores creció en la soledad, ya que como antes dije sus padres estuvieron siempre ausentes, ya que tenían que salir a buscar el peso diario para la comida, y x ello el menor creció en la calle, viendo el mal ejemplo y eso lo lleva a ser tentado a conseguir plata fácil, y es lógico que un menor decida conseguirla, y si los padres no estan para indicarle lo que esta bien y mal, ese menor seguro elijirá lo que esta mal.
Aunque nuestro país suscribió la Convención de los Derechos del Niño en 1990 y la incorporó a la Constitución cuatro años después, el tema se sigue rigiendo por la vetusta ley de patronato, de 1919, que brinda a los jueces la posibilidad de internar a los chicos de menos de 18 años si consideran que están en riesgo "físico o moral". Este dispositivo judicial, desafortunadamente, no discrimina entre quienes cometieron un delito y quienes son víctimas de él. Los jueces sacan a los chicos del ámbito familiar y los llevan a un instituto, pero la mayoría está allí por causas asistenciales. En los institutos se vulneran todos los derechos y no se generan herramientas para que los chicos salgan, como tampoco se los reeduca , para que al salir sean útiles más allá del delito. Peor es aún la realidad que un chico que sale de un instituto, queda estigmatizado por el resto de su vida ante la sociedad.
Hoy hay jueces que afianzan su idea de no internar más en institutos a chicos que verdaderamente no presenten un peligro para la sociedad, y x eso prefieren dejarlos al cuidado de algún familiar responsable y ponerlo bajo tratamiento ambulatorio, donde una asistente social evalúa su conducta semanalmente, con el único fin de evitar que se mezclen con chicos peligrosos, que pueden terminar influyendo sobre ellos y perjudicar sus actitudes futuras frente a la sociedad
Hoy existe una triste realidad y es que muchos de ellos son internados porque su familia no los puede mantener. Pero la falta de rehabilitación hace que la mayoría termine con el mismo final., y así comienza la carrera penal. Empiezan con un problema por drogadicción, en el instituto aprenden a robar y terminan siendo verdaderos delincuentes que ponen en peligro a toda la sociedad.
Últimamente hemos sido participes de numerosos casos, en los cuales los asesinos fueron menores, que alguna vez o varias veces estuvieron internados en institutos correccionales, por lo visto el resultado esta a la vista, esos años de internación no sirvieron de mucho. Es tiempo de poner la lupa sobre como debe actuarse ante un menor delincuente, separando muy bien por grupos a los medianamente peligrosos, de los peligrosos y seleccionado a los que no han cometido hechos graves, y poner a cada grupo en institutos preparados para cada caso en particular, debiendo existir personal idóneo y capacitado para su atención personal , familiar y grupal, no es aceptable expresar que hay que bajar la edad de imputabilidad para meterlos presos y que sean responsables x los hechos que cometen, porque si el sistema esta funcionando mal, por mas que bajemos la edad, el problema de fondo va a seguir existiendo.
Pero hay otro dato que es ,más sorprendente aún, ya que cuatro de cada diez chicos son encerrados por causas penales, el resto ingresa en este sistema por necesidades asistenciales, porque su familia no puede hacerse cargo de ellos o porque son víctimas de la violencia.
“La peor de las familias, con un buen acompañamiento, siempre es mejor que el mejor de los institutos”, sentencian los jueces de menores .
Se estima que el Estado destina sumas mensuales por cada internado en un instituto de menores, y las cifras varían según cada caso en particular y x las necesidades. Las cifras se duplican cuando se trata de instituciones penales de mediana o de máxima seguridad. “Hay superpoblación, lo cual lleva al hacinamiento y a la promiscuidad. La falta de profesionales idóneos, de personal de seguridad y de condiciones de higiene y salubridad son algunas de las características comunes a todos estos lugares", denunció el defensor del pueblo de la Nación,.
El Consejo Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia tiene dentro de su órbita el destino de cerca de 7000 chicos. No todos están encerrados: sólo 450 están alojados en institutos penales, mientras un centenar vive en residencias abiertas y el resto se encuentra con familias sustitutas o en otros programas. El 70% de estos chicos provienen del conurbano, viven en alguno de los siete institutos de menores que el Consejo del Menor posee en el territorio porteño. A su vez cabe recalcar que el tratamiento con larga privación de la libertad no logra buenos resultados en materia de reinserción, pero al mismo tiempo hay una demanda social muy fuerte hacia una mayor de dejar en prisión a estos chicos.
"El tránsito por estos institutos es vivido como un castigo . No se ha logrado modificar un sistema muy antiguo, de lugares cerrados, con pocas actividades de inserción y de recreación... Ni siquiera los equipos de contención psicológica sirven porque el encierro profundiza la problemática inicial.
Las familias pobres ven disminuida su posibilidad de ejercer la patria potestad ya sea porque el hogar no permite asegurar un buen ejemplo hacia el menor o simplemente porque la falta de recursos, origina que ambos padres deban salir a trabajar y estar ausentes de sus obligaciones como progenitores, y x ello el menor que cayó por conductas indebidas y contrarias ala ley debe permanecer si o si en estos institutos. Por eso es necesario fortalecer a la familia en sus vínculos. Y hacer que los programas de asistencia sean más profundos y efectivos y poder sugerir a los jueces caminos diferentes al de la privación de la libertad, siempre y cuando existan otras opciones. Muchos de los chicos detenidos en esos institutos reclaman una familia que los entienda, que los ame y que se ocupe de sus necesidades básicas. La mayoria de estos menores creció en la soledad, ya que como antes dije sus padres estuvieron siempre ausentes, ya que tenían que salir a buscar el peso diario para la comida, y x ello el menor creció en la calle, viendo el mal ejemplo y eso lo lleva a ser tentado a conseguir plata fácil, y es lógico que un menor decida conseguirla, y si los padres no estan para indicarle lo que esta bien y mal, ese menor seguro elijirá lo que esta mal.
Aunque nuestro país suscribió la Convención de los Derechos del Niño en 1990 y la incorporó a la Constitución cuatro años después, el tema se sigue rigiendo por la vetusta ley de patronato, de 1919, que brinda a los jueces la posibilidad de internar a los chicos de menos de 18 años si consideran que están en riesgo "físico o moral". Este dispositivo judicial, desafortunadamente, no discrimina entre quienes cometieron un delito y quienes son víctimas de él. Los jueces sacan a los chicos del ámbito familiar y los llevan a un instituto, pero la mayoría está allí por causas asistenciales. En los institutos se vulneran todos los derechos y no se generan herramientas para que los chicos salgan, como tampoco se los reeduca , para que al salir sean útiles más allá del delito. Peor es aún la realidad que un chico que sale de un instituto, queda estigmatizado por el resto de su vida ante la sociedad.
Hoy hay jueces que afianzan su idea de no internar más en institutos a chicos que verdaderamente no presenten un peligro para la sociedad, y x eso prefieren dejarlos al cuidado de algún familiar responsable y ponerlo bajo tratamiento ambulatorio, donde una asistente social evalúa su conducta semanalmente, con el único fin de evitar que se mezclen con chicos peligrosos, que pueden terminar influyendo sobre ellos y perjudicar sus actitudes futuras frente a la sociedad
Hoy existe una triste realidad y es que muchos de ellos son internados porque su familia no los puede mantener. Pero la falta de rehabilitación hace que la mayoría termine con el mismo final., y así comienza la carrera penal. Empiezan con un problema por drogadicción, en el instituto aprenden a robar y terminan siendo verdaderos delincuentes que ponen en peligro a toda la sociedad.
Últimamente hemos sido participes de numerosos casos, en los cuales los asesinos fueron menores, que alguna vez o varias veces estuvieron internados en institutos correccionales, por lo visto el resultado esta a la vista, esos años de internación no sirvieron de mucho. Es tiempo de poner la lupa sobre como debe actuarse ante un menor delincuente, separando muy bien por grupos a los medianamente peligrosos, de los peligrosos y seleccionado a los que no han cometido hechos graves, y poner a cada grupo en institutos preparados para cada caso en particular, debiendo existir personal idóneo y capacitado para su atención personal , familiar y grupal, no es aceptable expresar que hay que bajar la edad de imputabilidad para meterlos presos y que sean responsables x los hechos que cometen, porque si el sistema esta funcionando mal, por mas que bajemos la edad, el problema de fondo va a seguir existiendo.

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